La NO visita a la tribu Emberá del parque nacional de Chagres

Letras de Cinta Costera en Ciudad de Panamá

La NO visita a la tribu Emberá del parque nacional de Chagres

A continuación, os contaré la peor anécdota vivida en Panamá, ya os adelanto que fue un trago bastante malo, pero, que podría haber acabado peor.

Una de las actividades que queríamos realizar en Panamá, era visitar una de las tribus que todavía “sobreviven” al paso del tiempo viviendo de forma parecida a sus antepasados.

Las opiniones sobre esta visita son muy dispares. Algunos viajeros salen encantados y otros con la sensación de haber presenciado un circo, aún así, a nosotros nos hacía ilusión, al menos, darle una oportunidad.

Como el tiempo que teníamos para visitar Ciudad de Panamá y alrededores era bastante limitado, en principio tratamos de contratar un tour organizado con tal de aprovechar al máximo nuestro tiempo, pero, los precios… ¡eran prohibitivos! Hablamos de un mínimo de 185$ por persona, un precio desorbitado que no estábamos dispuestos a pagar. Entonces, leímos Visita la tribu de los Emberá, un post súper completo (como todos los que hace) de la blogger de viajes @unachicatrotamundos, en el que explica detalladamente como ir por tu cuenta al parque nacional de Chagres y visitar la tribu de los Emberá. No parecía complicado y el precio total oscilaba los 30$, así que nos lanzamos a la aventura. Se trataba de coger el metro y dos autobuses. El sistema de autobuses, en muchos lugares de centro América, es muy rudimentario. Un “ticketero”, o el mismo chófer, se asoman en las paradas y gritan los destinos a los que se dirigen, si te interesa, te subes, así de simple. Pues todo iba muy bien hasta que llegamos a la parada donde debíamos coger el último bus. Llevábamos 15 minutos esperando y ninguno se dirigía al embarcadero de Chagres. En un momento dado, me pareció escuchar algo de un embarcadero, entonces, subo al autobús y le pregunto al chófer si se dirige al embarcadero de Chagres, a lo que me responde que sí, para asegurarme del todo, le pregunto si va al embarcadero para visitar a los Emberá, asiente con la cabeza y me confirma que sí, por lo que nos subimos y nos ponemos en marcha. No me preguntéis por qué, pero algo me daba mala espina, constantemente iba comprobando nuestra ruta en el GPS e íbamos en la dirección correcta, parecía que todo iba viento en popa. En un momento dado, nos cercioramos de que viajamos solos en el autobús y todavía queda un buen trecho hasta nuestro destino. Instantes después, el chófer me pide que me acerque. Al estar junto a él, me pregunta si llevo un cuchillo, ¡¿cómo?! Y se reafirma en su pregunta, ¿¡para qué voy a llevar un cuchillo!? Y me contesta que allí donde nos paramos, a veces atracan con pistolas o cuchillos, pero que no me preocupe, que si se me acercan “les dé cuchillo”, “tú dales cuchillo” mientras sacaba y metía el suyo en su funda. Estupefacto, le pregunto de nuevo si el autobús me deja en el embarcadero y, en esta ocasión, contesta que no, que nos deja de camino, pero a una media hora del embarcadero, que debemos coger un taxi desde la última parada. Sorprendido, le recrimino que le pregunté repetidas veces si llegaba hasta el embarcadero, a lo que me responde que sí, que íbamos para allá, sólo que no llegábamos, pero que no me preocupe, si no tengo cuchillo, ¡que coja piedras del suelo y se las tire! Aquello era surrealista y la cara de Rebecca un poema… Le digo al chófer que nos volvemos con él, que no tenemos necesidad de ir, es una excursión, no un lugar por el que tengamos la obligación de pasar, pero nos informa de que su ruta acaba en la última parada y ya no vuelve camino de Ciudad de Panamá. En ese mismo instante, para a un policía motorizado y se baja del autobús a hablar con él, al subir dice que a 500 metros hay una garita de policía, que preguntemos allí qué podemos hacer. Al llegar a la garita, le contamos nuestro problema a los policías, que nos confirman que estamos en una zona conflictiva y uno de ellos nos ofrece acompañarnos hasta el embarcadero y recogernos después de visitar a los Emberá por 20$, resulta que aparte de ser policía tiene una empresa de transporte privado. Le replicamos que nos parece un poco caro que coger el metro y dos buses nos fuera a costar 4$ y él nos cobre ese precio, a lo que nos responde que si queremos, nos sube en un taxi y le apunta los datos, que seguramente no pase nada, pero que los taxistas de la zona tampoco son muy de fiar… Ya con el miedo en el cuerpo decidimos pasar por el aro. A todo esto, cuando salimos de la ciudad hacía un sol abrasador y tuvimos la brillante idea de dejar los chubasqueros para aligerar bártulos. Pues, a los 15 minutos de iniciar la marcha con nuestro “policía transportista” empieza a llover. A los pocos minutos, ya diluviando, llegamos a un pequeño poblado, donde nuestro chófer, nos dice que debería haber alguien allí, pero que no nos preocupemos, que crucemos el descampado de unos 500 metros que hay frente a nosotros y, tras un pequeño bosque, estarían los 4×4 que nos llevarían hasta el embarcadero…¡¿Cómo?! ¡¿El trato era llevarnos hasta el embarcadero y nos quiere dejar en un descampado diluviando?! Nos negamos a bajar del coche, ¡ni de coña, vamos! Entonces aparece una mujer y baja a hablar con ella. Desconfiado, cierro el coche por dentro y abro dos dedos de la ventana para escuchar la conversación. Parece que no es mentira, desde allí salen 4×4 (el camino es bastante escarpado) que te llevan hasta el embarcadero, pero, la mujer les llama repetidas veces y no le responden. El policía, nos dice que podemos quedarnos esperando allí, a lo que nos negamos encarecidamente y, a regañadientes, accede a acompañarnos hasta el embarcadero, pero hay que dar un rodeo por lo abrupto del terreno. No nos acabamos de fiar del policía y sigue diluviando, ¿y si después del tour no nos viene a recoger? En un momento dado, intento amenizar el camino e inicio una conversación con él, le informo de que trabajo para el gobierno, que soy bombero profesional y empezamos a intercambiar anécdotas de trabajo, las suyas mucho más heavys que las mías: tiroteos con narcotraficantes colombianos, con bandas callejeras…¡para quitar el hipo! Pero la conversación es distendida y se relaja la tensión del ambiente, que era lo que buscaba, parece que empezamos a limar asperezas, ¡incluso nos ofrece acompañarle un día a pescar! xD Seguía diluviando, por lo que me giro y le pregunto a Rebecca, ya que aún era pronto, si era mejor dejarlo estar y volver a la ciudad y aprovechar el día por allí, a lo que asiente aún traspuesta por la tensión sufrida. El policía, ya “amigo” nuestro, nos llevó a una parada de autobús que te dejaba directamente en Ciudad de Panamá, de esa manera, decía quedarse más tranquilo.

A día de hoy, no estamos seguros de si fuimos víctimas de un timo, tramado por el policía y el chófer, o víctimas de un cúmulo de mala suerte y torpeza de dicho chófer… De lo que estamos seguros, es de que ha sido de lejos, nuestro peor momento viajero vivido hasta ahora. Una tensión difícil de plasmar con palabras en un papel.

Un mal trago, que no amainará nuestra ilusión por vivir nuevas aventuras, pero que nos hará ser más conscientes, si cabe, de que nunca se debe bajar la guardia…

Esperamos que os haya parecido interesante esta nueva entrada, ¡nos vemos en próximos posts!

 

tuenmiviaje@gmail.com
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